La obesidad no es una enfermedad
Febrero 22, 2011 - Por David Gillespie
| El comienzo de cada año se destaca por el furor de las
dietas que
ofrecen la fórmula secreta de la pérdida de peso, saltando a la vista
cada vez que abrimos las páginas de un periódico. Pero la realidad es
que tratar de perder peso con una "dieta" es como tratar de volar
agitando los brazos. Aunque nos gustaría pensar que somos algo especial, cuando se trata de nuestro cuerpo sólo somos mamíferos. Está bien, somos mamíferos muy inteligentes, como usted lo es si está leyendo estas líneas. Pero aún con todo el cerebro que nos acompaña, la armazón con la cual caminamos es cien por ciento mamífera. Al igual que cualquier otro mamífero, tenemos un sofisticado mecanismo para asegurar que sigamos funcionando. Los latidos del corazón, el bombeo de los pulmones y la estabilidad de la temperatura funcionan con el piloto automático. También nos aseguramos que el cerebro y cada una de las células de nuestro cuerpo tengan combustible suficiente para funcionar con máximo rendimiento, pase lo que pase en el mundo externo. Nada de esto nos requiere siquiera pensar por un momento. El sistema de control de todos estos procesos y muchos más está organizado por nuestras hormonas. Las hormonas le dicen a nuestros cuerpos cuando y en que medida debe crecer. A algunos de nosotros nos dicen cuando cuando nos debemos preparar para hacer bebés. También controlan la cantidad y el lugar donde almacenamos la grasa. No podemos controlar nuestras hormonas con fuerza de voluntad o cualquier otro pensamiento consciente. No podemos hacernos más altos o bajos, así mismo como no podemos hacer bajar nuestra temperatura corporal con sólo pensar en ello. Un niño crece porque las hormonas le dicen a cada parte importante de su cuerpo que debe crecer. Hay hormonas que le dan instrucciones a las células para que demanden más energía y hay otras que adaptan la demanda regulando el control del apetito. El niño come más para cimentar su crecimiento. El crecimiento impulsa el apetito, no al revés. Actualmente la ciencia demuestra con claridad que hay otro tipo de crecimiento (esta vez horizontal) que es también impulsado por las hormonas. Nuestras hormonas que controlan el apetito están perfectamente equilibradas para asegurar que obtengamos la cantidad exacta de energía cuando es necesario. Cuando ese equilibrio se rompe, nuestro sistema que maneja el combustible puede girar bruscamente fuera de control. Un sistema de control del apetito que ha sido alterado, puede almacenar combustible demasiado poco o demasiado. Muy poco se asemeja a la anorexia, y mucho se parece, bueno, a la mayoría de nosotros. La obesidad es un síntoma indicativo de una falla en el equilibrio de las hormonas que controlan la cantidad de alimentos que ingerimos. Esta disfunción hormonal nos hace almacenar un exceso de grasa en las células, pero el cuerpo no es consciente de la grasa que está ahí y sigue exigiendo comida. Nuestro sistema de control del apetito piensa que nos estamos muriendo de hambre, aún cuando tenemos más que suficiente grasa depositada (generalmente en lugares antiestéticos). Un niño en crecimiento no puede luchar contra las demandas hormonales del apetito con su voluntad. Y nosotros tampoco podemos hacerlo. Cuando una persona obesa restringe el consumo de alimentos, el error subyacente en el sistema de control del apetito permanece. El cuerpo pensaba que se iba a morir de hambre antes de la dieta, y ahora esa sensación se acentúa. No utilizará la grasa almacenada para satisfacer su necesidad de alimentos. Ni siquiera sabe que la grasa se encuentra allí. Las hormonas forzarán al cuerpo a sacrificar los músculos y órganos, para compensar por las calorías que faltan, y quien permanezca en la dieta sentirá como que se muere de hambre. No es de extrañar entonces que nadie pueda mantenerse en una dieta por mucho tiempo. La obesidad es un síntoma de mal funcionamiento del control del apetito, pero no es el único. Las enfermedades del corazón, diabetes tipo II, la enfermedad renal y la demencia, entre otros, son todos síntomas de la misma enfermedad subyacente. Y al igual que los síntomas de cualquier enfermedad, no todo el mundo padece de todos los síntomas al mismo tiempo. No todos los que sufren de las enfermedades del riñón son obesos, aunque la mayoría lo son. No todas las víctimas de las enfermedades del corazón son obesas, pero la mayoría lo son. Además, el 15 por ciento de los que sufren de diabetes tipo II no tienen sobrepeso. Frecuentemente nos dicen que la "cura" para la mayoría de estas enfermedades es curar la "enfermedad" de la obesidad, y que la manera de hacerlo es comer menos y hacer más ejercicio. Pero es como si le aconsejaran que tome una aspirina para "curar" su dolor de muelas. Esto podrá eliminar o reducir el dolor temporalmente pero no cura lo que lo causa. Hay estudios recientes que no dejan lugar a dudas de que podemos provocar todos los síntomas de la hormona de la interrupción del apetito en los seres humanos simplemente alimentándolos con la fructosa que ocupa un 50% del azúcar. Los gastos médicos causados por el grupo de 'síntomas' de la fructosa como desestabilizador del apetito, se elevan actualmente en Australia a más de 60 mil millones de dólares por año (la misma suma en dólares estadounidenses). Esta cantidad triplica los gastos militares de defensa del país. Pero hasta ahora no hay indicios de que los responsables del gasto de nuestra salud estén dispuestos a mirar más allá de la "cura" de la aspirina. El plan es seguir diciéndole a la gente gorda que son gordos porque no "eligen adecuadamente" sus alimentos, y decirles que deben controlar las hormonas con fuerza de voluntad. Y el plan es también, aparentemente, seguir apoyando el crecimiento explosivo de las industrias que sacan nuestro dinero para "curar una enfermedad" cuando lo único que hacen es enmascarar un síntoma. Los mercaderes de las bandas gástricas ajustables, los batidos para adelgazar, la liposucción, y los proveedores de salud seguirán presionando al gobierno por más y más dinero público. Y cuando los burócratas de la salud se dan por vencidos, justifican el gasto con demandas cada vez más belicosas exigiendo que debemos adelgazar. Pero según lo que nos dice la ciencia podemos adelantar que ese plan tendrá tan poco éxito como ha tenido en las últimas cuatro décadas, período en el cual las tasas de sobrepeso y obesidad se han duplicado. Un cambio de rumbo traería consigo una gran vergüenza para muchos eminentes "profesionales de la salud", pero esto es algo que tiene que ocurrir. Cada vez que vea esa avalancha de dietas ofrecidas por los gurús de la salud para reducir las calorías , recuerde que la aspirina no cura las muelas cariadas, y que tampoco curaremos la obesidad tratándola como una enfermedad, en lugar de tratarla como un sítoma. VÍNCULOS DE REFERENCIA EN INGLÉS EN EL ARTÍCULO ORIGINAL |


