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¿Qué tal si frenamos la enfermedad de los riñones?

Diciembre 12, 2010 - Por David Gillespie

Preguntémonos que es lo que va a enviar más australianos al hospital en el corriente año. Accidentes de tránsito? De ninguna manera. ¿Los ataques al corazón? No. ¿Cáncer? Ni se aproxima siquiera. No, es la enfermedad de los riñones. Pero una serie de estudios recientes sugiere que hay una manera muy simple de dar vuelta esa estadística.

La enfermedad crónica de los riñones es en este momento responsable de más de una de cada siete hospitalizaciones. Y ese alto porcentaje se ha materializado muy rápidamente. Entre 2001 y 2008, los ingresos hospitalarios solo por diálisis renal aumentaron en un 71 por ciento.

Las noticias son aún peores para los indígenas australianos. A fines de 2007, estaban siendo tratados por la enfermedad de los riñones seis veces más que el resto de la población. Por ello, el número de hospitalizaciones en el Territorio del Norte aumentó un increíble 120 por ciento (casi un 20 por ciento cada año) en el mismo período.

El Territorio del Norte tiene otra razón interesante para hacerse famoso (aparte del Cocodrilo Dundee). De acuerdo con Coca-Cola tiene el más alto consumo per cápita de Coca-Cola en el mundo . Cada vez más la ciencia está comenzando a sugerir que es más que una mera coincidencia.

No sabemos qué es lo que causa la mayoría de las formas de la enfermedad renal y ciertamente no se puede curar (a no ser mediante la sustitución de los riñones). Pero hay una línea de estudios que se remontan a más de medio siglo que sugieren que la respuesta (al misterio de la causa y la cura) podría consistir en algo llamado ácido úrico.

El ácido úrico es un producto de desecho creado cuando digerimos las carnes rojas. Al igual que la mayoría de los productos de desecho que circulan en nuestro torrente sanguíneo, es eliminado por nuestro propio sistema de filtrado, o sea los riñones.

Explicada en forma sencilla, la teoría dice que si usted tiene demasiado ácido úrico, terminará obstruyendo los filtros en los riñones y (con el tiempo) esto degrada absolutamente su capacidad de funcionamiento. Hay una línea de estudios en ratas que no se puede pasar por alto para probar exactamente esa relación de causa y efecto. Pero las ratas procesan el ácido úrico de forma diferente a los seres humanos (y otros primates superiores) por lo que siempre ha habido un signo de interrogación acerca de esos estudios.

En 2008, un importante estudio realizado por la Universidad de Viena progresó notablemente para responder a la pregunta en lo relativo a seres humanos. En ese estudio, 21.475 (inicialmente) personas sanas fueron seguidas durante 7 años. Sus niveles de ácido úrico se compararon con la ocurrencia de la enfermedad renal. El resultado fue una correlación inequívoca. Cuanto más altos los niveles de ácido úrico de una persona, más alta es su probabilidad de desarrollar enfermedad renal. Punto final.

Si el consumo de carne fue la causa principal del aumento de la producción de ácido úrico, se podría pensar que ha habido un gran incremento en la cantidad de carne que hemos comido en las últimas décadas para producir el brusco aumento de la enfermedad renal. Pero de acuerdo con la Organización de Investigación Científica e Industrial del Estado, nuestro consumo de carne roja ha estado bajando sostenidamente desde la década de 1970.

Resulta sin embargo que hay otra manera realmente excelente para aumentar la cantidad de ácido úrico en la sangre de un ser humano: alimentarlo con azúcar.

En 1989, los miembros del equipo de investigación de hidratos de carbono del Departamento de Agricultura de los EE.UU. demostraron que ellos podían causar un aumento significativo en los niveles de ácido úrico con sólo alimentar a la gente con la mitad de fructosa del azúcar (el azúcar es mitad glucosa y mitad fructosa) a niveles que en esos momentos consumía normalmente el ciudadano medio de EE.UU. (20 por ciento de las calorías - exactamente lo mismo que la actual ingesta sugerida en Australia).

Un estudio mucho más extenso en 2008 incluyó a 4.867 niños en edad escolar en EE.UU. Como era de esperar, encontraron la misma marcada asociación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento en los niveles de ácido úrico. Además, un análisis de similar importancia publicado en el mismo año agregó la conexión entre el consumo de bebidas azucaradas con la aparición de la enfermedad renal en adultos.

El ácido úrico es un sub-producto derivado de la forma en que nuestro hígado metaboliza la fructosa. Y a diferencia de la carne, las cifras de consumo de azúcar (y por lo tanto fructosa) han aumentado vertiginosamente en las últimas cinco décadas.

Mientras que toda la evidencia es muy convincente, no es una prueba. Nadie ha alimentado a propósito con fructosa a un grupo grande de personas para ver cuáles murieron de la enfermedad renal en primer lugar. Pero yo más bien sospecho, por desgracia, que ya estamos sin querer llevando a cabo nuestro propio pequeño experimento con la población indígena.

Los aborígenes y los isleños del Estrecho de Torres consumen alrededor de dos veces más bebidas gaseosas azucaradas que el resto de nosotros (lo que significa una cifra muy alta porque de todos modos los australianos están entre los diez primeros consumidores per cápita en el mundo). Así que, debido a la alta población indígena en el Territorio del Norte no es de extrañar que esta región aparezca en forma tan destacada en las estadísticas de Coca-Cola. Y no es tampoco de extrañar ni mucho menos (teniendo en cuenta lo que la ciencia está diciendo acerca de la fructosa), que aparezca en forma tan prominente en nuestras estadísticas de la enfermedad renal.

La enfermedad de los riñones debilita al cuerpo en forma masiva. El único "tratamiento" efectivo es hacerse conectar a una máquina de diálisis tres veces por semana. Mientras tanto, el número de personas que necesitan el tratamiento está creciendo a un ritmo del 6 por ciento cada año. La única "cura" es reemplazar los riñones (si tienes suerte de llegar a una posición en la cola del trasplante para que te llamen antes de morir.

La enfermedad renal está matando a más australianos que el cáncer de próstata o de mama y más del doble de los que mueren en las carreteras cada año. Pero la evidencia se está acumulando de que hay una medida preventiva muy simple. No comer o beber azúcar.

Entonces, ¿qué tal si aprovechamos la oportunidad antes de que la próxima generación también destruya sus riñones?

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